Lucha en la facultad de Nutrición: mi experiencia e ideas sobre cómo actuar

¿Qué ha pasado?

Desde hace tiempo, llevo haciendo una crítica en RRSS sociales (especialmente Twitter) sobre el contenido que se imparte en las asignaturas del Grado de Nutrición Humana, sobre todo en las asignaturas que podemos considerar como troncales (Nutrición Humana, Dietética, etc.)

Entre estas asignaturas se encuentra Dietoterapia, impartida principalmente por María Soledad Fernández-Chacón. Primero hice una crítica cuyas formas – a día de hoy – considero incorrectas por usar palabras demasiado agresivas, pero las cuales no pensaba que tuvieran repercusión alguna, dado que no mencioné el nombre de la docente en cuestión. Tras esto, pasado cierto tiempo, volví a hacer otra crítica en la que sí usé el nombre de la profesora (con motivo de evitar problemas legales al no mencionar a la autora de las diapositivas). Dicha crítica o exposición pública de los contenidos tuvo un alcance considerable y llegó a oídos de mi profesora. Le sentó bastante mal porque, a pesar de que intenté medir las palabras, algunas fueron algo irrespetuosas (p.e. “sin decencia”), porque la crítica que yo hacía ponía en entredicho su credibilidad y profesionalidad, y sobre todo, porque (por lo motivos que ahora explicaré) no tomé las vías correctas para solucionar el malentendido desde el principio, que debería haber sido hablar con ella, y en caso de no resolverse, usar las herramientas que tiene la universidad para estos casos.

Así que tanto por parte de las formas usadas en la crítica como por parte del modo de haber transmitido el mensaje (de forma pública antes que de forma privada), pido mis más sinceras disculpas a María Soledad Fernández-Pachón por lo ocurrido.

Entendiendo el problema

La disciplina de la Nutrición tiene a día de hoy dos limitaciones fundamentales:

La primera y la más simple es que es una ciencia muy joven y difícil de investigar, así que carecemos de bases científicas sólidas. Esto, sumado a que gracias a las nuevas tecnologías el conocimiento se genera cada vez más rápido, desemboca en que tengamos que estar abiertos a cualquier cambio de paradigma, dado que lo que antes era una verdad inamovible o no es más un mito como una catedral, y lo que creamos hoy, puede ser otra falsedad mañana.

La segunda y la más turbia, es que donde hay dinero hay engaño. La industria alimentaria tiene un poder enorme, y su objetivo fundamental es ganar dinero. ¿Y cómo se gana dinero? Pues vendiendo productos baratos y que gusten al consumidor. ¿Y si esos productos no son sanos? Pues tranquilo/a, la industria se encarga de ello financiando estudios para obtener resultados a favor de sus alimentos, comprando científicos o ganándose el favor de la clase política. Esto no lo digo yo solo, hay pruebas contundentes y cada día más de ello. El ejemplo más conocido: La industria del azúcar lleva décadas manipulando la ciencia

Ante esto, para tener una formación de calidad necesitaríamos:

  • Docentes actualizados, que renueven sus ideas y se informen de las nuevas evidencias
  • Facultades y docentes libres de conflictos de intereses con la industria alimentaria

¿Y qué encontramos? Pues, si bien la tendencia es encontrarnos más docentes involucrados con la solución del problema, lo normal es todo lo contrario. Estamos ante un sistema envejecido, basado en la ciencia de hace medio siglo, y que defiende a capa y espada el discurso de la industria alimentaria: la defensa/promoción/visibilidad de alimentos inequívocamente reconocidos como perjudiciales para la salud, como las galletas, los lácteos azucarados o el alcohol. Todo bajo el argumento de la moderación (el cual está más que desmentido).

Esto es un problema enorme tanto para nuestra profesión como para la salud de la población. ¿Qué clase de profesionales vamos a ser si no se nos enseña el conocimiento más actual y si encima este depende de lo que diga tal o cuál empresa vendedora de basura comestible? Pues ya os lo digo, unas profesionales bastante malas.

Ante esto, la mayoría del alumnado no se percata (no lo culpo), pero hay una parte – cada vez mayor – que está al tanto de esto y que quiere cambiar las cosas. En este punto me encuentro yo con muchas compañeras.

¿Cuál es el camino?

Cada vez somos más estudiantes avispadas y conscientes del problema. Y no nos quedamos calladas. Intentamos participar, debatir, dar nuestra opinión, y la respuesta habitual es común: o nos ignoran o nos deprecian. Las facultades no nos amparan ni dan lugar para dialogar en la mayoría de ocasiones.

Así que, en esta situación de enorme frustración, creo que no os debe extrañar que la gran mayoría opte por ignorar la vía formal (burocracia universitaria) y necesite otro lugar para contar sus experiencias y despotricar de lo sucedido constantemente.

En mi opinión, intentar forzar el sistema desde dentro es altamente ineficiente. Aunque sea triste, la ciencia suele avanzar más por el cambio generacional que por la actualización de los profesionales del momento. Así que, por tanto por nuestro bien como por el bien de la salud pública, creo que todo el esfuerzo de los alumnos, egresados u otros sanitarios concienciados, debería ir dirigido a luchar contra la mala ciencia de forma extraoficial. Por un lado, ejerciendo la autodidáctica, aprendiendo por nuestra cuenta y ayudando a nuestras compañeras a que hagan lo mismo; y por otro lado, divulgando directamente por RRSS toda la ciencia actualizada que buenamente podamos. El asociacionismo – las asociaciones o colegios de dietistas-nutricionistas universitarixs; las asociaciones científicas, como Dietética Sin Patrocinadores o las propias redes sociales – sería en mi opinión la mejor baza que tenemos para seguir por el camino correcto.

De hecho, en el caso específico de mis compañeros de la Universidad Pablo de Olavide y yo, nuestro objetivo ha estado bien marcado desde el principio: actuar desde ADINU Sevilla, fomentando el pensamiento crítico, la divulgación de buen conocimiento, y cómo no, empoderando al estudiante y luchando contra todo este problema del que he hablado.

En definitiva, esto lo que mejor he podido sacar en clave desde mi propia reflexión y mi experiencia como alumno. No obstante, no quisiera acabar sin hacer mención a las dificultades y la labor de aquellos docentes tan implicados con este problema, los cuales mencioné antes:

Sé que lo tenéis difícil para cambiar las cosas desde dentro, y que hay una brecha comunicativa muy grande entre vosotros y nosotras, las estudiantes. Por mi parte, creo que sería beneficioso para todos que habláramos más a menudo de nuestros puntos de vista y de los problemas que sufrimos. Muchas veces damos por hecho que conocemos bien la situación, pero tras todo lo ocurrido, me ha dado cuenta de que es todo lo contrario. Así que os invito a que habléis con vuestros alumnos. Yo haré mis esfuerzos por comunicarme más y por transmitir esta idea a mis compañeros y compañeras.

Espero haber aclarado las cosas y haber servido un poco para que la lucha siga adelante y por el camino correcto y de la forma correcta.

¡Un saludo y nos vemos en la próxima!

Fuentes de interés para las nutrias más curiosas:

 

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